147. Es ahora o nunca.
El beso de Vicente me toma por sorpresa. No esperaba que sucediera ahora, no en medio de una huida frenética y con el eco de los disparos aún resonando en mi cabeza. Pero es Vicente, después de todo. El hombre que vive para desarmar, no solo a sus enemigos, sino a cualquiera que cruce su camino. Incluida yo.
El aire en el búnker se siente denso, como si el mundo se hubiese reducido a este pequeño espacio. Sus labios están llenos de una intensidad cruda, casi agresiva, como si cada beso fuera un