143. Un momento.
De pronto, el sonido del celular rompe el silencio. El tono corto y repetitivo me saca de mis pensamientos. Vicente frunce el ceño, pero no se mueve mientras yo cruzo la habitación y levanto el auricular. Mi mano tiembla levemente, aunque no quiero admitir que la presencia de Vicente me afecta tanto.
—¿Sí? —mi voz suena fría, distante.
—Valeria, —la voz del otro lado es tensa, urgente—. Debes salir de ahí ahora.
Es uno de mis hombres, y su tono no me gusta nada.
—¿Qué pasa? —pregunto, mientras