133. La habitación se congela.
El aire se vuelve más denso de lo que jamás había sentido. Mi corazón se detiene al ver a Vicente, amordazado y atado como un prisionero. Nunca lo había visto tan vulnerable, tan indefenso. El todopoderoso Vicente, siempre en control, ahora es una sombra de lo que fue, y eso me aterra.
—¿Qué has hecho, Luca? —pregunto, sin poder creer lo que ven mis ojos. Mi mente lucha por procesar la escena.
Luca da unos pasos hacia mí, sus manos metidas en los bolsillos, relajado como si nada estuviera fuera