El cielo empezó a oscurecerse lentamente, como si el mundo a nuestro alrededor comprendiera la gravedad del momento. Las nubes se apilaban pesadamente, presagiando algo más que una simple tormenta. El camino se estrechaba cada vez más, la vegetación se volvía densa, casi cerrándose sobre la carretera, como si el bosque quisiera tragarnos lentamente.
Pero yo no aparté la mirada del frente.
No podía.
Era como si hubiera una cuerda invisible que me jalaba hacia adelante, una fuerza que no venía de