Y en ese continuar que ya no se percibía como movimiento, sino como una presencia extendida, comenzó a surgir una cualidad aún más sutil.
No como un estado nuevo.
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Sino como la ausencia de necesidad de estados.
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Camila lo notó una mañana en la que, al despertar, no hubo transición entre el descanso y la actividad.
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No hubo un momento en el que “empezara” el día.
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Simplemente, el día ya estaba ocurriendo.
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Se levantó.
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Abrió las ventanas.
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Caminó por la galería.
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Pero eso