Negué con la cabeza.
Quizá por la destrucción de mi cuerpo, mi alma también comenzó a desvanecerse.
Carlos intentó agarrar mi mano, pero una y otra vez la esquivaba. Ya no podía sostenerme.
Como rey alpha, antes él siempre afrontaba todo con calma.
Pero ahora, con solo no poder tomar mi mano, Carlos ya lloraba desconsolado.
—Marina, por favor, dame otra oportunidad.
—He cometido tantos errores, pero usaré el resto de mi vida para redimirme contigo. ¿Puedes quedarte y verme?
—Hasta ahora entiendo