Mundo ficciónIniciar sesiónElizabeth Oliva es una joven de 19 años, alegre, divertida, un poco loca y sobre todo muy buena amiga, aunque un poco tímida con los hombres, pero solo un poco, es hija única de una madre soltera que la crio con el pensamiento que no debe enamorarse para no sufrir, por lo que, si bien ha tenido parejas, nunca se ha enamorado y, por lo tanto, nunca ha sufrido por amor. Es miembro de las mosqueteras, un grupo de cuatro amigas inseparables, que tiene por slogan “una para todas y todas para una”, siempre están juntas, apoyándose en las buenas y en las malas. La última en llegar al grupo fue Susan, la cuarta mosquetera, también hija de padre soltero. Cuando las mosqueteras conocen al padre de Susan lo encuentran sumamente guapo, en especial Ely quien queda prendada de él, por lo que, al ver la cara de sus amigas, Susan, las hace jurar que jamás intentarían nada con él, juramento que, hasta ese momento, hacen sin problemas todas, ya que para Ely era imposible que ese hombre la mirara como algo más que como una amiguita de su hija. Sin embargo, una noche de juntas de chicas, todo cambia y Ricardo toma el valor de acercarse a una de las mejores amigas de su hija, teniendo un encuentro candente en el baño, que los deja a ambos con ganas de más, iniciando algo prohibido, pero que ninguno puede parar. ¿Podrá este guapo y sexy padre soltero de 38 años alejarse de la mejor amiga de su hija? ¿será capaz Ely de cumplir la promesa que le hizo a su mejor amiga? ¿tendrá esta historia de amor con casi 20 años de diferencia un final feliz?
Leer másElizabeth Oliva, alias Ely, es una alegre joven de 19 años que cursa su primer año de la carrera de Economía y Finanzas junto a sus tres mejores amigas, quienes se hacen llamar “las mosqueteras”. Están unidas por una historia en común: todas son hijas de padres o madres solteros. Se rigen por el lema “una para todas y todas para una”: siempre unidas, siempre fieles y, sobre todo, siempre juntas en las buenas y en las malas.
De las cuatro, Ely es la más alegre y extrovertida. Siempre tiene una palabra de ánimo para sus amigas; es de chiste rápido y risa fácil. Es hija de una madre soltera, Rebeca. Su padre, al enterarse del embarazo, se marchó sin siquiera avisar, y nunca más supieron de él. Rebeca lo amaba profundamente y, al sentirse abandonada de una forma tan cruel, se prometió a sí misma no volver a enamorarse jamás. Desde entonces, cada vez que comenzaba a sentir el más mínimo apego por un hombre, terminaba la relación de inmediato, bloqueándolo de todas sus redes sociales para evitar cualquier contacto.
Nunca necesitó a un hombre para criar a su hija. Con esfuerzo, sacó adelante su carrera de Economía y Finanzas, se asoció con uno de sus mejores amigos, Rafael, y juntos levantaron una empresa de publicidad que, con el tiempo, se convirtió en una de las más importantes de España. Rebeca no solo construyó una vida estable, sino que también formó a Ely como una mujer independiente, fuerte y segura de sí misma.
Así, Ely creció convencida de que el amor no era más que una pérdida de tiempo, algo que solo servía para sufrir. Y ella no estaba dispuesta a eso. Siguió el ejemplo de su madre: no enamorarse para no sufrir. Nunca la había visto llorar por ningún hombre… excepto por su padre. Porque, aunque Rebeca intentaba ocultarlo, Ely la escuchó muchas noches llorando en silencio, hasta que un día, simplemente, dejó de hacerlo.
Sus únicos referentes masculinos eran Rafael y Roberto, los mejores amigos de su madre. No eran tíos de sangre, pero siempre ocuparon ese lugar en su vida. Casi hermanos para Rebeca, casi padres para Ely… al menos, hasta que el destino decidió complicarlo todo.
En cuanto a familia, no tenían a nadie más. Eran madre e hija contra el mundo. Pero eso nunca fue un problema. Rebeca llenó ese vacío con amor, carácter y enseñanzas que marcaron profundamente a Ely: nunca dejarse pisotear, nunca permitir abusos, nunca quedarse en silencio ante la injusticia.
Fue precisamente ese carácter el que la llevó a conocer a su mejor amiga, Camila. Tenía apenas once años y recién comenzaba en una nueva escuela —tras haber sido expulsada de la anterior— cuando vio a un grupo de niños burlarse de una niña de coletas y enormes ojos verdes, llenos de lágrimas contenidas. La pequeña estaba acurrucada en un rincón, cubriéndose los oídos mientras intentaba resistir sin llorar.
Ely no lo pensó dos veces.
Se plantó frente al niño que lideraba las burlas y le dio un puñetazo tan fuerte que lo dejó en el suelo, llorando. Por supuesto, llamaron a su madre. Pero Rebeca, lejos de regañarla, la felicitó por haber defendido a alguien que no podía hacerlo por sí misma. El verdadero reprendido terminó siendo el director del colegio, por no haber visto lo que ocurría dentro de su institución.
Desde ese día, Ely decidió proteger a esa niña. Así nació su amistad con Camila. Y cuando conoció a Carolina, la mejor amiga de esta, el trío quedó completo: se convirtieron en las tres mosqueteras, inseparables, casi hermanas… o mejor dicho, hermanas del corazón.
Con los años, decidieron estudiar la misma carrera: Economía y Negocios. Las tres provenían de familias ligadas al mundo empresarial, por lo que sabían que, tarde o temprano, tendrían que asumir responsabilidades importantes. Fue durante una de las visitas a distintas universidades cuando conocieron a Susan.
Bastó una sola conversación para que la conexión fuera inmediata. Susan también era hija de un padre soltero, aunque en su caso la historia era distinta: su madre había fallecido al darle a luz. Su padre, Ricardo Romero, un joven empresario, la había criado solo, convirtiéndola en el centro absoluto de su vida. Su princesa. Su todo.
Así, Susan se convirtió en la cuarta mosquetera. La D’Artagnan del grupo.
Su amistad se volvió irrompible. Lo hacían todo juntas. Se contaban todo. Las juntas de chicas se volvieron un ritual: noches enteras entre risas, confesiones, música, baile y complicidad. Pedían comida, cerraban la puerta y se olvidaban del mundo. Dormían juntas y, al día siguiente, compartían el desayuno con la familia de la anfitriona. Con los años cambiaron los temas, la música y hasta las bebidas… pero ellas seguían siendo las mismas.
Hasta que llegó aquella noche.
La primera junta en casa de Susan.
Y entonces lo conocieron.
Ricardo Romero, de 38 años.
Alto, de contextura atlética, piel morena, ojos color miel y una sonrisa demasiado perfecta para ser real. Su sola presencia llenaba el espacio. Las tres mosqueteras quedaron en silencio, completamente impactadas.
Pero fue Ely quien no pudo apartar la mirada.
Para ella, no era solo un hombre atractivo. Era… otra cosa. Algo que no supo nombrar en ese momento. Algo que la incomodó tanto como la atrajo.
Susan lo notó.
Y no le gustó nada.
Su padre era su mayor tesoro. Intocable. Prohibido. Inalcanzable. Y ellas… sus amigas… no eran opción. No podían serlo. No debían serlo.
Esa misma noche, entre risas que ocultaban una incomodidad evidente, Susan les hizo prometer algo:
Que jamás intentarían nada con su padre.
Que él era territorio prohibido.
Que había límites que no se cruzaban.
Y ellas, sin imaginar lo que vendría, aceptaron.
Porque hay promesas que parecen fáciles…
hasta que dejan de serlo.PUNTO DE VISTA DE ELY.Me despierto asustada, no sé por qué, no recuerdo qué soñaba, pero mi corazón late muy deprisa, ¿será que soñé lo que pasó anoche?. Miro a mi lado y mamá no está conmigo, el miedo a que todo haya sido un sueño me embarga, porque eso significa que Ricardo y yo no estamos juntos.Un movimiento brusco hace que me duela hasta el alma, por lo que me quedo tranquila esperando que el dolor pase. Si el dolor es real, el resto también, una sonrisa se posa en mi boca causándome una nueva oleada de dolor, por lo que vuelvo a tratar de no hacer movimientos bruscos, pero conmigo eso es imposible, jamás he logrado estar tranquila más de 5 minutos, toco mi rostro y duele al tacto, no me he atrevido a verme en el espejo desde lo que pasó, me da miedo lo que veré, estoy dándome fuerzas para aquello cuando me llega un mensaje.Monu: Buen día mi amor ¿Cómo amaneciste?Vuelvo a sonreír feliz de recibir de nuevo los mensajes de buenos días, pero me arrepiento inmediatamente.— Mal
PUNTO DE VISTA DE RICARDO.Me arrodillo al lado de la mujer que amo y que estuve a punto de perder. El solo pensamiento me comprime el corazón, ¿cómo podría vivir en un mundo donde ella no estuviera.Descarto el pensamiento y me avoco a mi misión, lograr su perdón, estoy dispuesto a suplicar si es necesario, miro fijamente sus hermosos ojos pardos, ella responde mi mirada, perdiéndonos uno en el otro por unos segundos.— Perdóname mi amor, por haberte fallado, perdóname por ser un idiota que creyó lo primero que me dijeron, por ser un cobarde, pero te juro Elizabeth Oliva que, si me das otra oportunidad, jamás te fallaré, yo te amo mi dulce, te amo tanto que no tengo vida si tú no estás en ella. —Le confieso dejando que mi corazón hable.Ella se me queda mirando sin decir una palabra, los segundos de silencio hacen que mi cerebro se imagine miles de respuestas, la una peor que la otra. Si me dice que no me perdona me avocaré a que lo haga, aunque me demore toda la vida. Es increíble c
PUNTO DE VISTA DE ELY.— Crees que soy idiota perra, sé que a penas te deje ir, correrás a los brazos de otro, y eso no lo voy a permitir, si no eres mía, no serás de nadie. —Me dice mientras comienza a apretar mi cuello.Trato de defenderme, pero él tiene mucha más fuerza que yo, cuanto más aprieta menos fuerza tengo para pelear, mi vista se comienza a nublar, puntos de colores aparecen y siento que en cualquier momento me voy a desvanecer, recuerdos de mis momentos con las personas que amo llegan a mi mente, con mi mamá, las mosqueteras, Ricardo, siento que el tiempo se me acaba, que ya no ingresa aire a mis pulmones y no puedo creer que no los veré nunca más.Ya no me quedan fuerzas para seguir luchando, la cara de mi agresor es lo último que veré, ese odio en sus ojos, la rabia y determinación de acabar con mi vida, es lo último que mi mente procesará. Pero no estoy dispuesta a hacerlo, no quiero morir viendo su rostro, no quiero que gane, no en eso por lo menos, por lo que comien
PUNTO DE VISTA DE RICARDO.Subo a mi vehículo y aprieto el acelerador como si mi vida dependiera de ello y en cierta forma es así, esa mujer es mi vida.El pecho se me aprieta al recordar las palabras de Susan, hoy terminaría con él, si ese hombre sigue enfermo, no tomará bien que Ely quiera poner fin a la relación. No puedo imaginar que le haga lo mismo que a la otra mujer o, lo que es peor, que acabe con su vida.El miedo se apodera de mí y acelero aún más sin importarme límites de velocidad o semáforos, si llego tarde no me lo perdonaré, no sé con qué me enfrentaré, por lo que marco el número de Dante quien me contesta de inmediato— Ricki ¿sucede algo? — Me pregunta de inmediato.No suelo llamarlo mucho y menos a esta hora.— Necesito que me mandes a los gemelos a la dirección que te enviaré, que no hagan nada, sólo que me encuentren ahí, presiento que los necesitaré. — Ordeno con una voz que no da espacio para preguntas.Cuelgo el teléfono y le envío la dirección de Eli.Dante: Y
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