Mundo ficciónIniciar sesiónHabíamos decidido juntarnos en la cafetería a tomar un rico café helado y disfrutar nuestro último día de libertad, ya que el lunes comenzaríamos nuestro primer día como estudiantes universitarias, estábamos ya sentadas en nuestra mesa de siempre cuando Susan salió con una idea que me hizo atragantar con mi café.
– Chicas, tengo una idea y necesito que me ayuden. –Nos dice Susan con una sonrisa sospechosamente amplia. – Ay, no, si pones una sonrisa como la del Guasón, tengo miedo de preguntar. – Le digo. – Qué exagerada, si mi sonrisa es hermosa. – Me dice ofendida. –Además no puedes decir que no, porque voy a necesitar tu ayuda más que la del resto. Eso no sonaba nada bien. – Ya termina con el misterio, ¿qué se te ocurrió? –Le dice Caro curiosa. Susan se inclinó un poco hacia adelante, como si estuviera a punto de revelar un gran secreto. – Lo que sucede es que mi padre está muy solo, nunca lo he visto con ninguna mujer, aunque hay algunas que se mueren por sus huesitos, no me gusta ninguna, por lo que se me ocurrió que para evitar que se meta con alguna cochina por ahí, podíamos intentar que salga con tu mamá. –Me dice y mi café me sale hasta por las narices mientras comienzo a toser. – ¿Estás bien? –Me dice Caro preocupada. Asentí como pude, limpiándome con una servilleta. – ¿Estás loca?, Beca nunca aceptaría eso, tú la conoces, ella no toma en serio a nadie. –Le dice Cami y yo quise abrazarla por decir exactamente lo que necesitaba. – No sean exageradas, sé que Beca no está interesada en el amor por ahora, al igual que mi papá, por eso son la pareja perfecta, se imaginan y se enamoran, Ely y yo nos volveríamos hermanas. –Nos dice con una enorme sonrisa. Mi corazón dio un vuelco, eso era exactamente lo que no podía permitir. – La verdad es que no le encuentro fallos a tu lógica. –Dice Caro y yo no sé qué decir. No le puedo confesar que, si nuestros padres se enamoran, yo sufriría porque su padre es mi amor platónico, obviamente aquello es imposible que se lo diga, por lo que debo idear algún argumento para que desista y de la impresión no se me ocurre ninguno bueno. – No creo que sea buena idea, ¿qué pasa si tu papá se enamora y mi mamá no?, tu papá sufriría mucho y no creo que tú quieras eso. –Le digo tratando de convencerla. – Eso no va a pasar, estoy segura que ellos se atraerán, porfa chicas ayúdenme con esto, seamos los cupidos de mi padre y la madre de Ely. –Nos dice mirándonos con ojitos de gatito de Shrek. Supe que estaba perdida cuando veo a Caro asentir, porque si la convenció a ella, ya no hay vuelta a atrás. – Está bien, pero no me pidas que me vista como el duende exhibicionista. –Le dice Camila con humor. – Sí, sí, las amo, son las mejores. –Dice Susan bailando y dando saltitos, mientras nosotras reímos de sus locuras. No puedo creer que la haré de cupido entre mi mamá y Monu. – ¿Y cómo haremos lo que te propones? –Pregunta Caro. – Fácil, debemos lograr que salgan en una cita, después de la primera, estoy segura que solos seguirán con una segunda y más citas. –Nos explica Susan. – Sí, súper fácil. –Le digo con tono irónico. –¿Y cómo se supone que los convenzamos de que tengan una primera cita? – Muy fácil, futura hermana, tú le dices a tu mamá que vamos a ir a cenar a un restaurante y la queremos invitar y yo le digo a mi papá lo mismo, estoy seguro que aceptarán. – Dice convencida. – Tu mamá nunca te dice que no, y mi papá tampoco. Cuando estemos en el restaurante inventamos que la abuelita de Cami nos pidió que la ayudemos en algo de última hora y los dejamos solos. Brillante ¿verdad? – Nos dice levantando sus cejas una y otra vez. – Me parece un buen plan, ¿cuándo quieres que lo pongamos en marcha? –Pregunta Caro entusiasmada y la verdad es que me siento bastante incómoda con la idea, pero qué puedo hacer cuando a las mosqueteras se les pone algo en la cabeza, no hay fuerza humana que las haga cambiar, son más porfiadas que los tres chanchitos. – El próximo viernes, será nuestra primera semana de universidad, por lo que les diremos que queremos juntarnos a celebrar, así tenemos la excusa perfecta. Sonrió orgullosa de su brillante plan. – Iremos al restaurante “Haramboure”, he escuchado que es uno de los mejores de Madrid, además de muy romántico, por lo que yo me encargaré de hacer una reservación para el viernes a las nueve de la noche, tú Ely te encargarás de tu mamá y yo de mi papá. ¿Estamos todas de acuerdo? –Nos pregunta. – Por supuesto. – Decimos todas a coro. –Yo lo dije primero. –Volvemos a decir al unísono mientras intentamos pellizcarnos en el brazo riendo. El resto de la tarde conversamos de cosas cotidianas, al terminar la junta nos despedimos y nos fuimos a nuestras respectivas casas. Caro era la única que andaba en auto, por lo que ella nos llevaría a casa, pero antes de subirnos a su auto Susan nos anuncia que su padre pasará por ella, ya que le queda de camino, por lo que esperamos que él llegue para irnos. De pronto lo veo llegar en un BMW negro, se baja enfundado en un traje negro que lo hace ver más guapo de lo que es, esa postura segura, esa presencia que llene el espacio sin esfuerzo. Trago saliva mientras veo cómo él se acerca a nosotras con una sonrisa que hace que mi intimidad se caliente y, ahora entiendo a qué se refieren con sonrisa “moja bragas”, este monumento de hombre hace que me excite con solo sonreír, se acerca a nosotras y saluda a su hija con un beso en la frente. Se acerca a Caro y le da un beso en la mejilla, para luego repetir lo mismo con Cami y conmigo, pero por los nervios me muevo un poco y su boca termina en la comisura de mis labios, él sonríe mirándome a los ojos y yo siento que no puedo respirar. – Hola, chicas, ¿cómo estuvo su junta? –Pregunta. – Bien papá, fue muy entretenido, pero ya debemos irnos. –Dice Susan. – Claro, cariño, ¿necesitan que le dé un aventón a alguna de ustedes? –Pregunta. – No, Ricardo, gracias, Susan nos llevará. –Le dice Cami mirándome. – Ok, que estén bien, chicas, cuídense. –Dice despidiéndose con la mano y caminando con Susan hasta su auto. Le abre la puerta para que ella suba y se dirige hasta el asiento del conductor para luego irse del lugar. – Sí que te gusta el papá de Susan, estás roja como un tomate. –Me dice Cami con una sonrisa. – No sé de qué hablas. –Le digo para luego subirme al asiento trasero. Pero incluso para mí, la mentira ya no sonaba convincente.






