Mundo ficciónIniciar sesiónPUNTO DE VISTA DE RICARDO.
Los días pasaban tan rápido que se convirtieron en semanas, y estas en meses en un abrir y cerrar de ojos. Mi pequeña estaba a punto de comenzar su primer año de universidad.
Sí, ya sé que Susan dejó de ser mi pequeña hace mucho tiempo, ya es toda una mujer hermosa e independiente, o así he intentado criarla por lo menos.
Soy hombre, fui joven, y sé perfectamente cómo piensa uno a esa edad. Por eso jamás he querido criar a mi hija como si fuera de cristal. Siempre he creído que las mujeres tienen exactamente los mismos derechos que los hombres. Me parece un absurdo —y un cinismo enorme— que a una mujer se le juzgue por vivir su sexualidad y se le tache de prostituta, mientras que al hombre se le celebre por lo mismo, tratándolo casi como si fuera un superhéroe, eso conmigo no va.
Susan tiene derecho a conocer su sexualidad, saber qué le gusta y qué no, y la única manera de saber eso, es experimentando, no quiero que sea una mujer reprimida, que cuando sea mayor se arrepienta de cosas que no hizo, por miedo, o por el qué dirán. Tampoco es que quiera que se meta con todo un regimiento y, si lo hace, prefiero no enterarme, soy liberal, pero sigo siendo su padre.
Lo que quiero es que ella viva cada etapa, que goce de la vida y de su crecimiento, disfrutando cada etapa, que disfrute de su sexualidad, como decida hacerlo es asunto de ella, lo que me importa es que ella se sienta plena y feliz. Que, cuando se case, si es que quiere contraer matrimonio, no mire atrás queriendo vivir cosas que en la juventud no hizo.
He conocido tantas parejas así, de esas que con los años le da por salir a fiestas todas las noches, embriagarse hasta que no recuerda ni quiénes son, y de buscar por fuera, con otra mujer u hombre, una juventud que simplemente ya no volverá.
Yo fui igual que Susan y cuando me casé, estaba muy enamorado de su madre, disfruté a concho esa etapa en pareja, sin necesidad de querer volver el tiempo atrás, y hacer cosas que no hice en mi juventud, porque sinceramente, ya viví todo lo que esas etapas me podían dar.
Por eso la apoyo en lo que decida hacer, fue a mí al que le contó cuando perdió su virginidad, fui yo el que la acompañó al ginecólogo por primera vez, fui yo el que estuvo ahí cuando le llegó su primer periodo, y el que la abrazó, cuando tuvo su primer corazón roto.
Desde que mi mujer murió, me dediqué cien por ciento a la crianza de mi hija y a mis negocios, no niego que he tenido relaciones con muchas mujeres, soy un hombre joven después de todo, pero jamás le he mentido a ninguna, ni le he ofrecido algo distinto a sexo sin compromiso, porque mis prioridades son claras y el amor no es una de ellas.
Volviendo al tema del tiempo, como les decía, pasó muy rápido, mi princesa sigue frecuentando a sus amigas mosqueteras, lo que me alegra mucho ya que al parecer esa amistad va a ser duradera.
Lo único que no me gusta, es que no me he podido sacar de la mente a Ely, la amiga de mi hija, me he sorprendido en más de una ocasión mirando fijamente la fotografía en que sale con sus amigas, esa mujer es una maldita tentación. Y, sobre todo porque yo sé que le gusto.
Es evidente, se pone demasiado nerviosa cuando estoy cerca, sus mejillas se tiñen de un rojo carmín, y tiende a morderse el labio inferior, cosa que estoy seguro que ni ella se da cuenta que hace, pero que la hace ver muy sexy.
Me muero por probar esos exquisitos labios, que para mí son el fruto prohibido y, lo que lo hace más testador.
Como todo masoquista que soy, busco la forma de verla y hablar un poco con ella, de conocerla, de estar con ella, aunque sea un momento. Cada vez que puedo, voy a buscar a Susan a sus juntas, donde estoy seguro que la veré, o cuando están de pasada por la casa, salgo con cualquier excusa para verla. Sí, lo sé, parezco un crío, no me asienta a mis 38 años, pero qué más le puedo hacer, ese caprichito se me ha quedado pegado en la cabeza, obviamente no estoy enamorado, ni mucho menos, es solo la atracción por lo prohibido, creo yo, pero nada puedo hacer más que comerme las ganas y mirarla de lejos.
Hoy salí temprano de la oficina solo para pasar por Susan, que está en la cafetería con sus amigas. Hasta Marco me miró con cara de extrañeza, habitualmente soy el primero en llegar y el último en irme, pero no lo he podido evitar, necesito ver a la pequeña de ojos pardos.
Conduzco hasta la cafetería donde suele reunirse Susan con sus amigas, ellas ya están afuera apoyadas en un carro, me detengo lo más cerca de ellas y me bajo a saludar. Como es mi costumbre, con un beso en la mejilla a cada una. Confieso que lo hago solo para besar a Ely, pero eso nadie lo sabe ni lo sabrá.
Saludo primero a mi princesa y luego a sus amigas, y cuando saludo a mi pequeña obsesión, esta hace un movimiento involuntario y termino besándola en la comisura de los labios, sé que fue involuntario, porque sus ojos se abren como platos, y sus mejillas se ponen de un rojo carmín, se ve tan adorable, pero me deja ganas de más.
– ¿necesitan que le dé un aventón a alguna de ustedes? –Pregunto con la esperanza de que Ely acepte que la lleve a su casa, así la veo por un rato más.
– No, Ricardo, gracias, Susan nos llevará. –Me dice Camila mientras mira a Ely, ¿será que leyó mis intenciones?
– Ok, que estén bien, chicas, cuídense. –Me despido y nos vamos.
En el camino mi princesa, me señala que sus amigas y ella quieren celebrar su primera semana de universidad, con una cena junto a sus padres, por lo que me pide que las acompañe. Obviamente acepto gustoso, primero porque a mi hija nunca le digo que no, y segundo, porque será una nueva oportunidad para ver a Elizabeth.
El día de la cena llegó más rápido de lo esperado, mi hija estaba muy nerviosa, y no sabía por qué, insistía en que tenía que verme especialmente guapo hoy, algo me decía que aquí había algo raro, pero no sabía qué podía ser, porque con mi hija todo es posible.
Como a las nueve de la noche, nos dirigimos al restaurante que me había dicho Susan, entramos y solo Camila y Carolina estaban sentadas, no se veían sus padres por ninguna parte, lo que me causó extrañeza, ya que Susan me había dicho que irían todos sus padres.
– Hola, chicas, ¿cómo están? – Las saludo con un beso en la mejilla. – ¿Dónde están sus padres? –Les pregunto mirando a mi alrededor.
Las chicas se miran nerviosas, y mi subconsciente me alerta que estoy cayendo en una trampa, pero no trato de huir, por el contrario, tengo curiosidad de saber que traman.
– Mi abuela no pudo venir, está haciendo unos trámites. – Me dice Camila nerviosa..
–Mis papás tampoco pudieron venir, están de viaje. – Agrega Carolina, haciendo que levante una ceja, tratando de averiguar que puede ser lo que traman.
De pronto, levanto la mirada y la mujer que me ha estado atormentando en mis sueños hace su aparición, viste un vestido crema y unas sandalias del mismo color, es una ropa casual, pero se ve hermosa. Miro hacia atrás de ella y una mujer que es la copia un poco mayor de mi tormento nos sonríe, debe ser su madre, sin duda es una mujer muy hermosa, pero a pesar de que se le parece mucho a su hija, no tiene eso que hace que esté obsesionado con su Ely.
– Papi, te presento a la mamá de Ely, Rebeca. Rebeca, él es mi padre Ricardo. –Nos presenta mi hija mirándome con una sonrisa, y ahí recién caigo en lo que trama, está tratando de que me guste Rebeca, si supiera que la mujer que no puedo sacar de mi cabeza, es la hija y no la madre.







