2.- UN MONUMENTO DE HOMBRE.

PUNTO DE VISTA DE ELY.

– Chicas, este es mi papá. – Nos dice Susan, cuando un bombón con patas se acerca a nosotras caminando como en cámara lenta, o yo lo veía así.

Se aproximaba  con una sonrisa que lo hacía ver endemoniadamente guapo.   Tenía una dentadura hermosa, dientes blancos y perfectos, que hacían resaltar esos labios ligeramente gruesos.  Para terminar de sobresalir la hermosura de su cuerpo, había un rayo de sol que se colaba por la ventana atrás de él, haciéndolo ver, como si tuviera un halo de luz que delineaba ese cuerpo como esculpido a mano.

Sin duda era un monumento de hombre, por lo que desde ahora en adelante, sería mi amor platónico, Monu, jamás un hombre así se fijaría en una chica como yo, por lo que no hacía daño verlo como mi amor platónico, llegaría a sacar todas las fotos de actores y cantantes que tengo pegadas en mi cuarto, desde ahora el único dueño de mi corazón sería monumento de hombre, alias Monu, alias Ricardo Romero, alias papá de Susan.

– Hola, chicas, Susan me ha hablado mucho de ustedes, es un gusto conocerlas al fin, llevo meses escuchando de las famosas mosqueteras. –Dice el papá de Susan con una sonrisa moja bragas, insisto, qué hombre, por Dios, ahora entiendo por qué Susan lo cuida tanto. – Siéntanse en su casa, yo estaré en mi oficina, prometo que no las molestaré, Susan tiene mi tarjeta por lo que pueden pedir lo que quieran para comer. – Continúo, mientras en mi subconsciente calenturiento le decía “por favor moléstame, moléstame todo lo que quieras, bombón”

– Muchas gracias. –Dije y sus hermosos ojos color miel me miraron fijamente, provocando un extraño calor en mi cuerpo y sobre todo en mis mejillas, estoy segura que lo notó porque su sonrisa se amplió aún más.

– No es nada, que estén bien, chicas, nos vemos. – Dijo para luego besar la frente de Susan, mientras yo lo miraba como en cámara lenta, como esa sexy boquita suya se estiraba para besar a su hija, un codazo en mis costillas me sacó de mi letargo.

– Cierra la boca y sécate la baba. – Me dijo Camila con humos, mientras yo miraba esa espalda ancha que se alejaba por el pasillo.

–Lo viste, Cami, es un maldito dios griego. – Le digo a mi amiga al oído. 

– Sí, definitivamente formará parte de nuestro top cinco, pero hasta ahí, no te olvides que es el padre de Susan. – Me contesta al oído.

– Sí, lo sé, aguafiestas. – Le digo al oído y ella se ríe moviendo su cabeza en negación.

Subimos al cuarto de Susan y como es costumbre en nuestras noches de chicas cerramos la puerta para olvidarnos del mundo, pedimos comida por la aplicación y comenzamos a conversar, teníamos toda la noche por delante, el sol aún no se ocultaba por lo que decidimos jugar una partida de cartas mientras esperábamos la pizza que habíamos pedido.

– Chicas, quiero pedirles algo. – Nos dijo Susan mientras bajaba sus cartas con dos escalas formadas.

– Obvio, dinos de qué se trata. – Le dijo Caro mientras veía sus naipes con el ceño fruncido.

– Es algo serio. – Agregó Susan y todas dejamos las cartas para ponerle más atención. – Vi cómo miraban a mi papá, sé que es muy guapo y todo eso, pero es mi padre y no quisiera que nuestra amistad se termine porque una de ustedes se metió con él o está intentando algo con él. ¿Me entienden?

– Por supuesto, amiga, la verdad es que tu papá es un verdadero bombón, y de seguro que formará parte de nuestro top 5 de los hombres más guapos, aunque hasta ahora solo haya uno en esa lista. – Dijo Caro con humor.

–Como que uno, para mí hay 4: Fede, Rafa, tu hermano y ahora el papá de Susan. – Dijo Cami interrumpiéndola.

– Estoy de acuerdo. – Dije. – Excepto por lo de Fede, para mí él no califica en los top five. 

Federico era el novio de Camila y la verdad no nos caía del todo bien, era como dicen por ahí, muy bueno para ser verdad.

– Bueno, para mí hay solo uno, Rafa, mi hermano lo amo y todo, pero no le alcanza para el top cinco, no sé por qué todas las chicas babean por él. – Dice Caro arrugando la nariz.

–Porque está como quiere el condenado. – Le dice Susan. – Pero tranquila, es tu hermano y por lo tanto está prohibido.

– Así es, y para allá iba lo que te iba a decir antes que me interrumpieran. – Nos dice Caro mirándonos feo y nosotras ponemos carita de ángel y ella solo se ríe suspirando. – Tu padre es un hombre muy guapo, pero es tu padre, nosotras jamás nos fijaríamos en él como hombre, ni intentaríamos nada con él, de eso puedes estar segura. – Agrega Caro y Cami mueve su cabeza como diciendo que está de acuerdo, mientras yo no digo nada, si bien nunca me atrevería a intentar nada con él porque de seguro me rechazaría, pero para eso de no fijarse en él, ya era tarde, ya me había recontra fijado en ese Monu y ya no había vuelta atrás, estaba flechada.

– Entonces prométanme que nunca intentarán nada de tipo sentimental, ni mucho menos sexual con él, mi padre está prohibido para ustedes. – Nos dice con seriedad.

– Por supuesto, prometo que nunca me fijaría ni intentaría nada con tu padre. –Le dice Camila colocando la mano sobre la de Susan.

–Yo también lo prometo, jamás me fijaría ni intentaría nada con tu papá. – Le promete Carolina colocando también su mano sobre las de ellas, las tres me miran expectantes mientras yo respiro profundo.

– También prometo que no intentaría nada con tu padre. – Le señalo, no podía decir lo de que nunca me fijaría, porque sería mentir, ya estaba flechada con él, pero lo de jamás intentar nada con él era cierto, yo solo me limitaría a mirarlo desde lejos.

Y así, una vez que quedó claro que el padre de Susan tenía un cartel de prohibido mirar, tocar, desear o la m****a que sea en la frente, seguimos jugando carioca con las mosqueteras, hasta que de pronto mi monumento de hombre tocó la puerta y entró con tres cajas de pizza en la mano.

–Jovencitas, les traje su pizza, al parecer estaba muy bueno el juego que no escucharon cuando llegó el repartidor con la comida. – Nos dijo y juraría que sus ojos de miel se clavaron en mí, o podría ser mi imaginación, ¿por qué Ricardo me miraría específicamente a mí?

–Lo siento, papi, no lo escuchamos, te prometo que no te volveremos a molestar. – Le dijo Susan a su padre.

–Tranquila, princesa, es un agrado servirte a ti y a tus amigas. –Le dijo y nuevamente sentí esa penetrante mirada sobre mí, definitivamente el hambre me tiene alucinada.

– Gracias, señor Romero. –Le dijeron Cami y Caro a la vez.

–No es nada y díganme solo Ricardo. –Les contestó antes de irse, quedé mirando la puerta por un rato, sin pestañar, estaba como hipnotizada.

–Ely, Ely, ¿estás bien? –Me dice Susan tronando los dedos frente a mis ojos y sacándome de mi trance.

–Sí, lo siento, me quedé pegada. –Le digo.

El resto de la noche pasó sin novedad, comimos, bebimos, reímos, miramos una serie de N*****x, cantamos karaoke, nos sacamos muchas fotografías y finalmente nos dormimos como a las cuatro de la madrugada. Si bien me divertí como siempre lo hacía cuando estaba con las mosqueteras, no podía sacar de mi mente al padre de Susan, Ricardo era sin duda de esos hombres que dejan una fuerte impresión y no son fáciles de sacar de tu sistema, pero tenía claro que eso era solo un enamoramiento de juventud, como el que sientes por tu actor favorito, así como cuando me enamoré de Robert Pattinson, llegué a soñar que me convertía en vampira.

Al día siguiente nos levantamos alrededor de las 10 de la mañana para tomar desayuno con el papasito de Susan, nos sentamos todas a la mesa a sus lados mientras las niñas del servicio nos servían el desayuno, Ricardo estaba sentado en la cabecera de mesa por lo que todas teníamos una agradable vista de él, estábamos en silencio, era la primera vez que compartíamos con él, por lo que si bien Susan hablaba con nosotras, no estábamos muy conversadoras que digamos, cuando estábamos en la casa de Cami o en la mía no nos paraba la lengua, mamá Nena, como a la abuelita de Camila le gustaba que le dijéramos, y mi mamá eran casi parte del grupo de las mosqueteras, por lo que nos sentíamos en confianza para hablar de lo que sea cuando estábamos con ellas, en la casa de Caro era diferente, estaban su padrastro y hermano por lo que, igual que en este caso, nos sentíamos un poco cohibidas.

Después del desayuno conversamos un rato y nos fuimos cada una a su casa, en mi mente me llevaría el recuerdo de esos hermosos ojos color miel y esa imponente figura.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP