3.- LA PRIMERA VEZ QUE LA VI.
PUNTO DE VISTA DE RICARDO. Estaba en mi despacho cuando escuché que llegaba mi princesa con sus amigas, me había hablado de ellas por meses, lo alegres que eran, lo buenas amigas, me sentía feliz de que haya encontrado amigas de verdad. Yo solo tenía un amigo verdadero, Marco, él para mí era como mi hermano y quería que mi hija sintiera lo que es tener amigas de verdad.
Desde que las conoció hace cinco meses aproximadamente, se han vuelto inseparables, hablan todos los días y se han juntado unas tres veces a hacer pijamadas, noche de chicas, me corregiría mi princesa, aunque para mí era la misma m****a. Según Susan, noches de chicas sonaba más cool, bueno, quién era yo para discutirle eso.
La cosa es que estos cinco meses me la he pasado escuchando las anécdotas de las famosas mosqueteras, Caro, Cami y Ely. He escuchado tanto de ellas que ya siento que las conozco, ojalá sí sean como mi pequeña dice, porque si una decepción amorosa duele, decepcionarse de alguien que creías tu amiga duele el doble.
Salgo del despacho y me acerco a la entrada, veo a mi princesa con sus tres amigas, y me impresiona lo atractiva que son las tres jóvenes que, si me preguntan, ni en mil años diría que tienen 18 años, sí, mi princesa parece mayor de lo que es, pero pensé que se debía a la crianza liberal que le he dado, no que era un patrón entre las jóvenes de esa edad.
Mis ojos se desvían inmediatamente a una jovencita alta de ojos pardos que me mira fijamente, es una mujer hermosa, debo admitir, la mezcla de mujer sexy y niña tímida en ella, es evidente a los ojos de cualquiera, sus mejillas levemente enrojecidas hacen resaltar esos hermosos labios rosas.
– Por Dios que estás pensando, Ricardo, esa niña, podría ser tu hija. Definitivamente la abstinencia te está afectando. – Me reprendo mentalmente y me recuerdo llamar a Katy para saciar mis necesidades.
Katherine es mi colega y compañera de cama ocasional. Ambos decidimos que solo seríamos eso, yo no he podido olvidar a mi difunta esposa, por lo que no quiero ni puedo enamorarme de nadie.
Por ella solo siento atracción sexual y ella por mí siente lo mismo, ella quiere surgir en su carrera y una pareja en estos momentos le estorba. Así que ambos saciamos nuestras necesidades y volvemos a nuestras respectivas casas relajados, sin complicaciones, ni sentimientos de por medio, solo un buen polvo y nada más. Y si algún día ella encuentra una pareja o se enamora de alguien, se acaba y tan amigos como siempre, sin complicaciones ni corazones rotos.
– Chicas, este es mi papá. –Les dice Susan a sus amigas y aunque no quiera mis ojos se desvían a una de ellas.
– Hola chicas, Susan me ha hablado mucho de ustedes, es un gusto conocerlas al fin, llevo meses escuchando de las famosas mosqueteras, siéntanse en su casa, yo estaré en mi oficina, prometo que no las molestaré. Susan tiene mi tarjeta por lo que pueden pedir lo que quieran para comer. – Las saludo amablemente, quiero que se sientan como en su casa, son importantes para mi hija, por lo que es importante que se sientan cómodas.
– Muchas gracias. – Dijo la trigueña de ojos pardos, y mi mirada se enfocó en ella. Vaya si es atractiva, es alta y curvilínea, pero tiene algo más que no sé explicar, pero que me atrae como las moscas a la miel y no recuerdo que esto me haya pasado antes.
– No es nada, que estén bien chicas, nos vemos. – digo para luego besar la frente de mi princesa y huir de ahí.
No puedo sentir atracción por ninguna amiguita de mi hija, no lo puedo ni decir en voz alta de lo mal que suena, podría ser mi hija, tiene la edad de mi hija, soy un anciano a su lado, en qué estás pensando Ricardo por Dios.
Me encierro en mi oficina y comienzo a trabajar en algunos contratos relativos a mi empresa de seguridad y venta de suministros médicos e industriales. Tenemos clientes en toda España, por lo que siempre debo estar pendiente de los nuevos contratos y las actualizaciones de los antiguos, mi amigo y socio Marco me ayuda con eso, mientras Katy es la encargada de relaciones públicas.
Estoy revisando el nuevo contrato que me mandó Marco y no puedo concentrarme, esos ojos pardos vienen una y otra vez a mi mente.
– Necesito volver a verla, verificar si no fue solo la primera impresión, pero, ¿con qué excusa entro a la habitación de mi hija?, invento una llamada, no, qué estupidez. – Me cuestiono y mientras pienso la mejor excusa.
La oportunidad toca a mi puerta literalmente, me apresuro a llegar a la puerta para que Susan no escuche que tocan, me había olvidado que iban a pedir comida, abro la puerta y el repartidor pregunta por mi hija, rápidamente recibo las pizzas y le doy una jugosa propina para que se vaya rápido.
Respiro profundo y con una sonrisa me dirijo al segundo piso, antes de tocar la puerta boto el aire que no sabía que estaba conteniendo, al parecer estoy un poco nervioso, tal vez sea porque sé que lo que estoy haciendo no es correcto, pero es solo para confirmar que fue solo la primera impresión. Toco la puerta y la abro rápidamente para evitar que Susan reciba la pizza en la puerta y me impida verla, ingreso en la habitación con las pizzas en una mano.
–Jovencitas, les traje su pizza, al parecer estaba muy bueno el juego que no escucharon cuando llegó el repartidor con la comida. – Les digo mientras mis ojos se clavan en los pardos de esa hermosa joven, de la cual aún no sé su nombre, Susan me ha hablado de ellas, pero no me dijo cuál era cuál.
–Lo siento papi, no lo escuchamos, te prometo que no te volveremos a molestar. – Me dice mi princesa sacándome de mi letargo.
–Tranquila princesa, es un agrado servirte a ti y a tus amigas. –Le digo mientras mi mirada se va de nuevo hacia la trigueña que me responde la mirada.
– Gracias señor Romero. – Me dicen dos de ellas a la vez.
–No es nada y, díganme solo Ricardo. –Les contesto y me voy de la habitación, aunque algo dentro de mí deseaba quedarse mirando a esa niña que me inquieta.
Llego a mi despacho y me siento en silencio, mi cerebro está en blanco, no sé ni qué pensar, ¿por qué una jovencita de 18 o 19 años me impactó así?, esto no tiene explicación más que “la abstinencia sexual”, hace como 2 meses que no me acuesto con nadie, eso debe ser, tomo el teléfono y marco el número de Katy.
– Ricardo ¿qué sucede? ¿por qué me llamas a esta hora?, ¿pasó algo en la empresa? – Me pregunta Katy apenas contesta el teléfono.
– No, para nada, te llamaba por algo un poco más agradable. –Le digo colocando una voz seductora que ella capta inmediatamente.
–¿A sí? qué interesante, ¿qué tienes en mente? –Me responde con una voz sexy y yo ya tengo claro que hoy me saco las ganas.
– ¿Qué te parece si nos vemos en el lugar de siempre a las nueve? – Le propongo.
–Muy bien ahí estaré. – Me dice coqueta. – me pondré el conjunto rojo que te gusta.
– Estoy ansioso. –Agrego. –Nos vemos en un rato más. –Me despido para después colgar.
Me levanto de mi escritorio y, me dirijo a mi habitación a darme un baño y cambiarme de ropa, Susan está con sus amigas así que ni cuenta se dará de que salí, tomo mi billetera, mis llaves y me dirijo al bar de siempre.
Katy ya se encuentra en el lugar con un vestido que deja poco a la imaginación y, por un segundo mi mente se pregunta ¿cómo se vería la amiga de Susan con un vestido así?, descarto la idea de mi mente y me acerco a Katy, le doy un beso en la comisura de sus labios, pido un whisky y me lo tomo de un solo sorbo, yo no vine a conversar, vine a tener un buen polvo que me quite a esa jovencita de la cabeza.
–Vamos. –le digo tomando su mano y, dirigiéndome a los ascensores, para subir a la habitación que reservé cuando llegué al bar del hotel, en el que acostumbramos pasar la noche cuando queremos tener sexo.
Marco el piso 8 y en el intertanto me acerco a Katy para comenzar a besarla mientras mis manos van directo a su trasero, el timbre del ascensor nos alerta que ya llegamos a nuestro destino, la guío de la mano hacia la puerta de la habitación, entramos besándonos mientras que con una mano cierro la puerta, comenzamos a desvestirnos inmediatamente, no hay palabras, ni te amos entre nosotros, es solo sexo, es saciar la necesidad más primitiva del ser humano.