4.- SOLO SEXO SIN AMOR.

PUNTO DE VISTA DE RICARDO.

Pasamos horas teniendo sexo en las distintas formas posibles. El sexo con Katy es muy bueno; nos conocemos a la perfección, cada uno sabe lo que complace al otro, por lo que siempre terminamos muy satisfechos. Después de un rato, me siento en la cama para comenzar a vestirme y volver a mi casa. Estoy agotado y quiero acostarme a descansar en mi cama. Nunca me quedo a dormir con ninguna de las mujeres con las que me acuesto; eso es algo muy íntimo, muy personal, muy sentimental, y yo no estoy para eso. Esto es solo sexo sin amor.

— Quédate a dormir conmigo — me dice Katy, lo que me extraña, ya que ella sabe que yo no duermo con las mujeres, solo tengo sexo.

— Sabes que yo no hago eso, ¿por qué me lo pides ahora? — le pregunto, un poco intrigado.

— Solo que ya estoy aburrida de esto. Quiero algo más contigo, Ricardo. ¿O no te das cuenta de que mis sentimientos hacia ti han cambiado? ¿Por qué no intentamos ser una pareja normal? — me dice Katy, dejándome impactado.

—Katy, lo siento, yo no estoy interesado en una relación, y tú lo sabes. Nuestro acuerdo es claro: solo sexo y nada más. Si eso te incomoda o te confunde, es mejor que lo dejemos hasta aquí y seamos solo compañeros de trabajo —le digo, algo incómodo con la conversación.

—Tranquilo, Ricardo, no es como que esté enamorada de ti, ni mucho menos. Solo siento una atracción por ti que, si quisiéramos, podría avanzar a algo más. Pero si tú no deseas hacerlo, por mí está bien. El sexo contigo es asombroso y no quiero que esto se termine por sentimentalismos —me dice, colocándose su ropa.

La verdad es que me siento bastante incómodo. Una vez vestida, se acerca y me da un beso.

— Ricardo, no sigas sobre analizando lo que te dije, fue una sugerencia y nada más. Yo no tengo problemas en seguir como estamos; solo te pido que, si alguna vez decides intentar algo serio con alguna mujer, me consideres como una candidata. A veces me canso un poco de estar sola. — me dice.

— Yo jamás te he pedido que estés sola. Siempre te he dicho que eres libre de empezar una relación cuando te plazca —le aclaro.

— Por supuesto que tú jamás me has dicho que me quede sola. No se trata de ti, Ricardo, es solo que a los hombres les da miedo una mujer profesional, fuerte e independiente como yo, por lo que no se acercan mucho a mí. — Me aclara.  — Así que no te preocupes, era solo una sugerencia. Pero si no quieres, está todo bien. Mientras llega el valiente que me enamore, aprovechemos de pasarla bien y nada más, sin compromisos ni palabras de amor. Ahora termina de vestirte para que me acompañes a mi coche.  —me dice sonriendo.

La verdad es que quiero creer que es solo eso, no quiero más complicaciones en mi vida; con mantener una empresa y criar una hija que está entrando en la adultez tengo suficiente, No quiero nada con el amor o relaciones de pareja. Ya no estoy en edad de estar mandando flores y chocolates o celebrando el Día de los Enamorados; esas cursilerías no me nacen.

Nos terminamos de vestir y cerramos el pacto con un beso. Luego bajamos hasta el estacionamiento; ella se sube a su automóvil y yo al mío. Conduzco hasta mi casa pensando que esta vez fue un encuentro extraño, con Katy siempre las cosas han sido simples, pero esta vez no se sintió así. Espero que lo que me haya dicho Katy sea verdad y no tenga ningún sentimiento hacia mí, ella es una buena mujer y no me gustaría lastimarla.

Ingreso a mi casa como a la 1 de la madrugada. Trato de no hacer ruido, pensando que mi hija y sus amigas ya duermen, pero cuando escucho las carcajadas me doy cuenta de que su pijamada —perdón, junta de chicas— está en la mejor parte. Sonrío y me dirijo a mi habitación a darme un baño, mientras enjabono mi cuerpo, la imagen de la amiga de mi hija se me pasa por la cabeza y mi miembro reacciona sin permiso.

—¿Qué te pasa, Ricardo? ¿Es que no te cansas? Acabas de tener una intensa jornada de sexo y aun así te excitas con solo pensar en los labios de una jovencita, pareces un adicto al sexo peor un depravado. — me regaño frustrado.

Cambio el agua para que salga fría y baje mi erección, mientras trato de pensar en los contratos que tengo pendientes o cualquier cosa que me aleje de la tentación, pero nada me sirve, así que tomo mi polla en mi mano y comienzo a moverla de arriba hacia abajo, mientras cierro los ojos imaginando que son los labios de la amiga de mi hija los que tengo en mi polla,  haciendo que me corra con un gemido gutural. Termino mi baño y me acuesto a dormir, es mejor que apague mi cerebro y deje de pensar.

Me levanto como a las 9 de la mañana para tener todo listo cuando se levante mi princesa y sus amigas. Mi hija me contó que siempre se quedan a tomar desayuno con la familia, por lo que quiero que tengan un desayuno delicioso y nutritivo. No es que quiera ver a la amiguita de mi hija de nuevo, no vayan a pensar eso, nada más alejado de la realidad.

Me dirijo a María, la nana de Susan, y le pido que prepare un exquisito desayuno. Ella asiente con una sonrisa y se pone manos a la obra, mientras yo me siento a la mesa a tomar un café. Después de un rato, escucho las risas y los pasos de las mosqueteras mientras bajan por la escalera.

— Buenos días, papito — me dice mi princesa, sentándose a mi lado.

— Buenos días — saludan las tres amigas de mi hija.

— Buenos días, señoritas,  tomen asiento, María enseguida trae sus desayunos.  —les digo, tomando un sorbo de mi café.

— Caro, siéntate al lado de mi papá — le dice Susan a la joven de hermosos ojos azules. —Ely, tú siéntate a mi lado y Cami al lado de Caro. —les instruye mi hija, y yo sonrío al saber el nombre de la joven que me ha cautivado.

Paso el desayuno luchando con mis impulsos de mirar a Ely, debo controlarme, no es posible que me esté comportando como un adolescente enamorado. Mis ojos se desvían sin querer hacia ella y me quedo embelesado mirando cómo sus labios se posan sobre la taza mientras sorbe su café.

¿Qué tiene esa niña que me atrae de esta manera?

Es hermosa, sin duda, pero he visto mujeres despampanantes que no me causan esta atracción. Es algo más, algo que no puedo descifrar, pero que tampoco debo intentar, esa jovencita está prohibida para mí, así que a mirar para otro lado antes de que mi hija me descubra observando de más a su amiga.

El desayuno transcurre más silencioso de lo que esperaba, considerando que estoy frente a cuatro jovencitas. Supongo que mi presencia las pone un poco nerviosas; después de todo, no me conocen. Espero que con el tiempo puedan confiar en mí, son las amigas de mi hija y estaré dispuesto a apoyarlas si lo llegaran a necesitar.

Después del desayuno me encierro en mi despacho a trabajar. Anoche había dejado contratos sin revisar por salir a saciar mis necesidades sexuales, por lo que ahora me toca pasar parte de la tarde poniéndome al día. De pronto escucho golpecitos en la puerta y sonrío, sabiendo que se trata de mi princesa.

—Papi, ¿puedo pasar? —me dice mi hija, asomando la cabeza por la puerta.

—Claro, princesa, no tienes ni que preguntar. ¿Ya se fueron tus amigas? —le pregunto.

—Sí, papá, ya se fueron —me responde con una sonrisa de esas que calientan mi corazón de padre orgulloso.

—¿Y cómo lo pasaron? —la interrogo.

—Súper, papá. Nos divertimos un montón, definitivamente soy afortunada de formar parte de las mosqueteras. Son amigas de verdad, y no me gustaría perder su amistad — me dice seria, y una extraña sensación se forma en la boca de mi estómago. — Mira, nos sacamos muchas fotos — agrega, mostrándome las imágenes en su celular.

— Son hermosas, cariño. ¿Por qué no me envías a mi W******p esa donde salen las cuatro riendo y la mando a enmarcar para ustedes? — le digo.

—Claro, papá, qué buena idea, eres el mejor. — me dice, enviándome las fotografías. — Te mandaré tres, así tú eliges la que se vea mejor

— Ya me iré a mi cuarto a dormir una siesta y nos vemos para almorzar, ¿te parece?

— Por supuesto, princesa, descansa, y cuando esté el almuerzo le pido a María que te despierte — le digo, mientras se dirige a la puerta.

Abro desde mi computador las fotos que Susan me envió, salen las cuatro muy felices y se ven muy bonitas. Amplío la imagen donde aparece Ely y me quedo contemplándola.

—¿Qué tendrás que me has cautivado, pequeña? —le digo a la imagen en mi pantalla.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP