Después de mi reposo forzado por fin regreso a la empresa, algo que agradezco dado que sentía que me volvería loco de pasar tantas horas encerrado en casa.
—Te acompaño —le comento a Giselle, cuando el ascensor se detiene en su piso.
—No es necesario, aún sigues lastimado.
—Claro que es necesario, cariño —rebato, intentando salir detrás de ella.
—El abuelo de Kalet dijo que no debías esforzarte, mejor nos vemos más tarde —se despide de mí y antes de que baje, la retengo para darle un pequeño be