—¿Acaso te volviste loco? —me riñe Kalet—. ¿Qué demonios te sucede?
—No es asunto tuyo —gruño, dándome la vuelta para comenzar a subir las escaleras.
—Claro que es asunto nuestro si tratas a esa muchacha de esa forma. ¿De dónde sacas que te engaña con Lefebvre? —me increpa mi nana.
—¿Qué de dónde lo sacó? Ese imbécil tenía en su poder la pulsera que era de mi madre y…
—¿Y eso qué? No es prueba suficiente, tal vez Giselle la perdió en algún evento.
—¿Y ella no se dio cuenta? —me burlo—. Además,