El silencio en la oficina de Alexander era más elocuente que cualquier junta directiva. Olivia estaba sentada frente a su escritorio revisando el flujo constante de ideas y avances que ahora llegaban directamente de su equipo en Boston. Mark coordinaba con los ingenieros estructurales, Lena supervisaba la instalación de los textiles artesanales, y Clara, como siempre, era el núcleo creativo y técnico que mantenía todo unido. El proyecto respiraba con un ritmo nuevo, ágil y vibrante. La ausencia