El timbre sonó a las 7:58 a.m.
Olivia estaba dando el desayuno a Emma. Gachas de avena con arándanos. Emma canturreaba, manchándose la cara.
—Ya voy —dijo Olivia, limpiándose las manos en el pantalón.
No esperaba a nadie. Tal vez el cartero. O un repartidor.
Abrió la puerta.
Un hombre con traje. Impasible. Una mujer con una carpeta.
—¿Olivia Vance? —preguntó el hombre.
—Sí.
—Entrega legal.
La mujer extendió un sobre grueso de manila. “SUPERIOR COURT OF THE STATE OF NEW YORK” impreso en letras n