El miedo era una habitación. Olivia había vivido en ella durante más de un año. Sus paredes eran conocidas. Su silencio, familiar. Pero las paredes también eran estrechas. Y Emma estaba creciendo.
La primera señal fue la frustración de Emma. El apartamento, una vez un mundo vasto, ahora le parecía pequeño. Señalaba la puerta con insistencia. Decía "¡afuera!" con su vocabulario limitado pero claro. Olivia se dio cuenta. No podía criar a su hija en una fortaleza. El miedo no podía ser la herencia