La renuncia de Alexander, formalizada en un correo electrónico escueto, aterrizó en las bandejas de entrada de la Junta Directiva con el peso de una losa. Pero no con la sorpresa de un terremoto. Era más bien el cumplimiento de un pronóstico que todos, en el fondo, ya habían dado por hecho.
La reunión de emergencia del consejo se activó como un protocolo bien engrasado. A las 9:17 AM, los doce miembros se conectaron a una sala de videoconferencia segura. No hubo saludos extensos. No hubo cafés