La máquina se puso en marcha. Con una precisión fría y silenciosa. Día tras día. Alexander y Olivia aprendieron sus roles. Los perfeccionaron. Se convirtieron en expertos en una farsa que ahora era su única realidad.
En público, eran impecables. Una obra maestra de apariencias. Asistían a cada evento requerido. Galas benéficas, inauguraciones, cenas con inversores. Alexander siempre con su traje a medida. Olivia con vestidos que hablaban de elegancia y poder.
Él sostenía su mano. Ella sonreía a