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No dormí en toda la noche, daba vueltas en la cama... Ni siquiera se me ocurrió que Egor pudiera venir a disculparse. En primer lugar, no le habría dejado entrar ni habría salido a recibirle. Sinceramente, no quería verle. Y, en segundo lugar, creo que Tumansky, viendo mi estado, comprendió que era mejor que no nos viéramos durante un tiempo...

Al día siguiente no aguanté más y llamé a Lilka para que viniera a v
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