Cameron
Comencé a reír cuando la tomé desprevenida, echándola sobre mi hombro, antes de subir al elevador.
—¡¿Qué te pasa con eso de levantarme como si fuese una niña?!—Se quejó cuando las puertas se abrieron e ingresamos. La sentí luchando para encontrar el aliento que le había robado al tomarla por sorpresa. —Bájame de una vez, Cameron, te lo advierto. —Se retorció en mi hombro, patentado mi pecho con las piernas.
—No voy a soltarte, me encanta la vista. Además es por precaución, no quiero qu