Maxime
La tensión es palpable. Cada segundo que pasa me acerca al momento en que todo va a cambiar. Marc cree tener el control, pero no se da cuenta de que está bailando sobre una cuerda floja. No soy el tipo de hombre que juega al ajedrez sin prever varios movimientos por delante.
Léa está en silencio, sentada en el sofá de la sala, con las piernas dobladas bajo ella. Me mira sin decir nada, pero veo claramente la tormenta en sus ojos.
— ¿No duermes todavía? murmura.
— Tengo demasiadas cosas e