En la casa Lombardo Rizzo.
En la fiesta.
En la pista de baile.
—Lucía —le habló él.
—Cállate, no quiero escucharte —le aclaró molesta.
—Creo que es mejor irme —dijo el dolido.
—¿Te quedarás bailando hasta que los niños lo decidan? —le ordenó ella.
Aiden estaba agitado.
—No puedo más.
Lucía y Arnaldo estaban preocupados.
—¿Te sientes bien?
—Debe de ser que está enfermo —dijo Fania exagerando.
Arnaldo cargándolo.
—Lucía, trae un poco de agua.
—Sí —dijo Lucia saliendo de la pista. Había una jarra