Waldo se quedó profundamente dormido en mi cama. Estaba demasiado cansado después de la deliciosa faena que tuvimos entregados al amor y la pasión desenfrenada, su corazón ya se había desacelerado y se quedó, allí, recostado en las almohadas igual a un tronco inerte, envuelto en los brazos de Morfeo. Yo igual estaba tumbada sobre mis almohadas, disfrutando de mis fuegos que me habían incinerado, por completo, las entrañas y me sentía muy sexy y sensual, recordando los pasajes más intensos de l