Capítulo 48

Al igual que Waldo, yo también había conquistado todos los rincones de él, hasta el último pedacito del cuerpo de mi amante, sin dejar de tatuarlos con mis labios, con mis caricias, estampando las huellas de mi pasión, igual a una impronta indeleble para que queden toda la eternidad. Y descubrí no solo muchas delicias que me estremecían sino también me convencí que él era un adonis, una divinidad helénica que me trastornaba por completo. En realidad yo lo veneraba con locura a Waldo, lo idolatr
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