Por fin Waldo terminó de escribir sus informaciones y después de lavarse las manos y la cara y cepillarse los dientes en los baños de la empresa, me dijo que ya podíamos irnos. -Se te nota muy cansada-, me dijo divertido viendo mi semblante taciturno con tantas preocupaciones y dudas que me envolvían, en torno a este extraño caso que remecía la ciudad. Subimos a su auto y nos fuimos sin mucha prisa con destino a mi casa, sin embargo, a mitad de camino, le pedí que mejor fuéramos a un restaurant