Cuando mi padre me contó todo lo que su subordinado había presenciado en la manada del Bosque Gris, no sentí ni una pizca de emoción. Ni angustia, ni ternura, ni lástima. Lo único que sentí fue… Una profunda incomodidad.
¿Ahora venía Mateo a fingir profundidad emocional?
Cuando Tomás y yo estábamos a su lado, nunca supo valorarnos.
Y ahora, de pronto, ¿quiere hacerse pasar por un hombre que sufre de amor?
Ridículo.
Por suerte, bajo la guía directa de mi padre, al final, logré romper por la fuerz