Capítulo 7: Casi un beso
El calendario de custodia era un campo minado que ninguno de los dos quería pisar, pero que ambos teníamos que cruzar cada fin de semana, un ritual tenso que medía el abismo entre nosotros. Isaías recogía a Caleb los viernes por la tarde y lo devolvía los domingos al atardecer, un intercambio que marcaba el ritmo de nuestras vidas separadas. Antes, esos momentos eran breves y fríos: yo le pasaba la mochila desde la puerta, él asentía sin mirarme y se iba, un adiós mudo que confirmaba mi invisibi