La luz de la lámpara de mesa caía en un círculo ámbar sobre el escritorio improvisado en mi habitación: un rincón reclamado entre cajas y lienzos a medio pintar, un santuario precario en medio del caos de mi renacer. Pasada la medianoche, Caleb dormía en la habitación contigua, su respiración suave como un metrónomo que me recordaba por qué seguía respirando yo, un pulso constante que anclaba mi corazón herido al mundo.
Frente a mí, el collar descansaba sobre un paño de terciopelo negro que Ligi