Capítulo 14: Confesiones rotas
La lluvia empezó sin aviso, como si el cielo hubiera decidido acompañar el peso de lo que iba a pasar, un diluvio que se desataba con furia contenida. Era un martes por la tarde, el cielo plomizo desde la mañana, y el agua golpeaba los cristales de la casita con un tamborileo constante que ahogaba el ruido del mundo exterior, un ritmo que se sincronizaba con el pulso acelerado de mi corazón. Caleb estaba en la sala, construyendo una torre de bloques que se tambaleaba peligrosamente cada vez que