Capítulo 12: Celos despertados
La galería estaba llena esa tarde de sábado. No era una multitud abrumadora, pero sí suficiente para que el aire vibrara con murmullos y el tintineo de copas de vino barato, un susurro colectivo que se enredaba como vides invisibles. Había colgado tres piezas nuevas: una serie de trípticos inspirados en el mito rumano de la Miorița —la oveja que predice su propia muerte y acepta su destino con dignidad trágica, un eco de resignaciones pasadas—. En mis versiones, la oveja se transformaba en mujer