Finalmente, el río la llevó al día del accidente. Recordó cómo había huido, tratando de escapar de todo. Recordó el momento en que vio al pequeño Rami, atrapado en medio del tráfico, y cómo corrió hacia él sin pensar en su propia seguridad. Recordó el impacto, el dolor, y luego… la oscuridad.
Fue entonces cuando despertó.
Isabela abrió los ojos de golpe, con el corazón latiendo desbocado. Su respiración era rápida, casi hiperventilando, y su cuerpo temblaba como si acabara de salir de una pesad