Los días en casa de Rosa habían sido un bálsamo para el alma de Isabela. Cada mañana, se sentaba frente a un caballete en el pequeño estudio que su tía había improvisado para ella. Dibujaba sin descanso, dejando que sus emociones fluyeran a través de los trazos. Diseñaba habitaciones llenas de luz, espacios que reflejaban paz, amor y fortaleza. Era su manera de reconstruirse, de imaginar un hogar que nunca tuvo, pero que ahora soñaba con crear para sí misma.
Sin embargo, mientras dibujaba, su m