A su alrededor, los murmullos de los pasajeros llenaban el aire. Algunos hablaban en voz baja, otros hojeaban revistas o miraban películas en las pequeñas pantallas frente a sus asientos. Isabela se acomodó en su lugar, dejando escapar un suspiro. Estaba agotada, pero no podía dormir. Su mente estaba llena de pensamientos, de preguntas sin respuesta.
Fue entonces cuando una mujer mayor se sentó a su lado. Llevaba un vestido sencillo, de color azul claro, y su cabello gris estaba recogido en un