GÉNESIS
Me senté en una cafetería cerca del centro, con un té caliente frente a mí y un silencio raro en el pecho. Acaricié mi vientre con suavidad. Era un gesto que ya me salía sin pensarlo. Como si mis manos buscaran a mis bebés cada vez que yo sentía miedo.
—Parece que su papá no es tan malo como todos suponen —susurré, mirando hacia la ventana—. Y yo voy a descubrir la verdad. Se los prometo.
No sabía si me escuchaban, pero hablarles me calmaba.Yo siempre creí que mi sacrificio había valid