—¡No pasa nada entre Ethan y yo! —repliqué—. El idiota me odia nada más —seguí caminando hasta llegar a mi casa.
—¡Eso no es odio, Génesis! Eso son celos —espetó.
—¡Claro que no! Desde que él vino a mi casa, me ha fastidiado; no sé, tal vez le caigo mal —me excusé. Esta conversación se ponía cada vez más intensa.
—Lo sé, me contaste muchas veces lo que te hizo; de verdad creí que el tipo tal vez estaba loco, que era un estúpido que no sabía valorarte, pero no, solo está celoso, ¡está enamorado