Valentina
Adonias abrió la puerta y Mía estaba en las escaleras esperándonos.
Se había bajado de la habitación cojeando. Tenía el tobillo vendado con una toalla, su cara se iluminó al vernos.
—Hola, ¿compraron todo? —dijo al verme entrar.
Pasé de largo. Sin mirarla. Sin detenerme. Caminé directo a la cocina con las bolsas del supermercado y empecé a guardar las cosas en los estantes vacíos con la concentración de alguien que necesita usar las manos para no perder la cabeza.
Adonias se quedó en