Leyla
Estábamos acostados en mi cama, enredados en sábanas que ya necesitaban un lavado urgente y en un silencio que sabía a satisfacción pura.
—Eso fue perfecto —murmuré contra su pecho, trazando círculos con el dedo sobre su piel.
—¿Perfecto? —repitió Noha
—No te agrandes. Dije perfecto, no milagroso.
—Puedo intentar lo milagroso si me das diez minutos.
—Cállate.
Me reí contra su pecho y sentí su risa vibrar debajo de mi mejilla. Cerré los ojos y me dejé flotar en ese momento.
Con Will el sex