Ashley
Dan me besó y yo le respondí.
Fue un beso correcto. Técnicamente bien ejecutado. Labios suaves, manos en mi cintura, la presión justa. Dan era guapo, era dulce. Jimena, su hermana, llevaba meses insistiendo en que le diera una oportunidad. “Es perfecto para ti, Ash. Es atento, es cariñoso, no tiene traumas ni exnovias locas. ¿Qué más quieres?”
¿Qué más quería?
Nos separamos. Dan me miró con esa esperanza en los ojos que me hizo sentir culpable antes de que mi cerebro terminara de procesa