DAFNE
Entré a la empresa de mi padre como si nada me pudiera tocar.
Traía un vestido elegante, tacones perfectos y anteojos oscuros. No porque los necesitara, sino porque me gustaba la sensación de que nadie podía leerme la cara. Además, hoy no estaba de humor para saludar a nadie.
Caminé directo hacia recepción.
Ana estaba en su escritorio.
Y Will estaba ahí con ella. Cuando me vio, se puso rígido. Su cuerpo reaccionó como si yo fuera un problema inevitable.
Me quitó la sonrisa.
Me dio satisfa