Ahmes recibió las órdenes del Visir en la oscuridad de una cámara de almacenamiento, donde el hedor a grano y papiro era abrumador.
—La audiencia será nuestra trampa, Ahmes —dijo el Visir—. Quiero que el palacio se convierta en una ratonera.
—Mis hombres están listos, mi señor —dijo Ahmes—. Los he infiltrado en los cuarteles de la guardia. Disfrazados de nuevos reclutas. De sirvientes. De escribas de menor rango. Nadie sospecha.
—Bien —dijo el Visir—. Al amanecer, cuando el Faraón convoque la a