El sonido del agua goteando, el eco de sus pasos, se amplificaban en la oscuridad. La lámpara de aceite de Sobek arrojaba sombras fantasmales sobre las paredes. El aire era pesado, con el olor a humedad y a piedra milenaria. Menna sentía el latido de la ciudad sobre sus cabezas, la vida de Giza, inconsciente de la oscuridad que se movía bajo sus cimientos.
Avanzaron con cautela, sus sentidos en alerta máxima. Cualquier sombra podía ocultar a un enemigo, cualquier sonido, una emboscada. De repen