Bajo la oscuridad de su celda, Menna pensaba.
De repente, el sonido de la llave en la cerradura interrumpió el silencio. La pesada puerta se abrió, revelando no al carcelero, sino al Capitán Hesy. Entró solo, su figura proyectando una larga sombra en el suelo de piedra.
—Arquitecto Menna.
Menna se puso de pie.
—Capitán Hesy. ¿Has encontrado algo sobre Huni?
—He notado una actividad inusual en el carcelero —dijo Hesy—. El carcelero se ha vuelto algo parlanchín. Y no es un hombre que su