Menna fue escoltado fuera de la sala de audiencias, el eco de la sentencia resonando en sus oídos.
La Prisión del Faraón, una fortaleza imponente y sombría, se cernía sobre ellos. Las rejas de hierro, el olor a humedad y desesperación. Menna fue conducido a una celda fría y oscura, una tumba en vida. Se sentó en el suelo, con los pergaminos de Khafre, ahora sellados y custodiados por el Capitán Hesy, fuera de su alcance. La esperanza, que había ardido tan brillantemente en los túneles, ahora p