El Faraón, majestuoso en su trono, parecía una estatua viviente. A su derecha, el Sumo Sacerdote Imhotep, vestido con sus túnicas sacerdotales, exudaba una autoridad fría. A la izquierda, el visir, con una sonrisa apenas perceptible, observaba a Menna con una mirada triunfante.
Menna, aunque adolorido y con el cansancio marcando su rostro, se mantuvo erguido. A su lado, el Capitán Hesy, sostenía la caja de madera que contenía los pergaminos de Khafre. Bek, con el rostro sombrío, esperaba con el