La mañana en la mansión Brévenor comenzó con un desayuno servido en la habitación de Valeria, por supuesto. Gabriel, su espía interno, les informó por mensaje: "Esteban está en el comedor, parece un trueno. Los 'ruidos salvajes' de anoche no le cayeron nada bien."
Mauricio y Valeria se miraron y soltaron la risa ahogada que llevaban conteniendo. La tensión se transformaba en una complicidad divertida.
—Bien —dijo Valeria, secándose una lágrima de risa—. Es hora de bajar el telón. ¿Listo?
Con un