El mundo de Valeria se desvaneció en un zumbido lejano. Las últimas palabras del juez resonaban como un martillazo en su cráneo, y luego, solo un vacío frío que se extendía desde el corazón hasta las piernas. No sintió el golpe contra el suelo.
—¡Valeria! ¡Valeria! —La voz de Clara, aguda y desgarrada, le llegaba como desde el fondo de un pozo.
Vio la cara pálida de su suegra, sus ojos llenos de pánico, y luego las luces del techo de la sala de vistas que se movían. Un murmullo de voces al