CRISTÓBAL
—¿En serio ella está bien?
—Sí, ya te lo dije más de veinte veces —le repetí a mi madre. —Ahora descansa un poco, después de eso podrás ir a visitarla, aunque todavía no se sabe si despertara hoy, también debe de descansar.
Le ayudo con la sábana para que entre debajo y se recueste. Me inclino y beso su frente, luego me alejo para irme, pero mi madre habla.
—Hijo —me llama. Me giro y para verla. —Es ella.
No estoy entendiendo nada.
—¿Qué cosa? Madre.
—Sophie, que es ella. —Continuo si