SOPHIE
Abro los ojos, se sienten todavía pesados; sin embargo, en cuanto los abro, lo primero que veo es a la señora Minerva.
—Oh, mi niña, has despertado —dice con una enorme sonrisa y entre lágrimas. —Me pegaste un gran susto, estuvimos muy preocupados por ti.
Cuando dice “preocupados” me percato de que no está sola, su hijo está detrás de ella, un poco alejado pero está viéndome.
Si antes sentía frío, ahora mi cuerpo está entrando en calor. No puedo sostenerle la mirada, así que la aparto y