El resto de la semana me mantuve ocupada aprendiendo los procesos, recordando a mis antiguos colegas y acostumbrándome a la rutina de Thomas, que todos los días parecía estar bastante ocupado con las firmas de nuevas inversiones.
En ese lapso, iniciábamos la jornada desde las 9 de la mañana y finalizábamos ya casi a las 10 de la noche, debido a la cantidad de reuniones a las que teníamos que asistir, algunas incluso a la hora de la comida.
Lo que más me sorprendió fue que Thomas siempre me pedí